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Texto presentado en Maestría en Teoría Psicoanalítica Lacaniana, de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Córdoba.
Autor:
Franco Bertone Masch
“Sublimen todo lo que quieran, hay que pagarlo con algo. Ese algo se llama el goce. Esa operación mística la pago con una libra de carne.” Lacan, La ética del psicoanálisis. 1960, p. 383
El presente escrito trata de circunscribir someramente desarrollos conceptuales de la enseñanza del psicoanalista francés Jacques Lacan en relación a sus tentativas de formular una articulación teórica que diera cuenta de la relación entre la operatoria significante –estatuto simbólico del sujeto hablante- y el goce, aquella dimensión que se resistiría a la simbolización. Se pretende así, luego de puntualizar algunas diferencias de la conceptualización de goce, ubicar coordenadas referidas a la letra y a la escritura, especialmente del período inmediatamente anterior del seminario Aún dictado por Lacan entre 1972 y 1973. Esta articulación se realiza en el marco del cursado de la tercera cohorte de la Maestría en Teoría psicoanalítica lacaniana, dictada en la Facultad de Psicología de la U.N.C., en el curso “El goce y la primacía de lo Real· dictado por la Dra. Carolina Koretzky.
Allí se ha puesto de manifiesto la complejidad de la construcción del concepto goce en la doctrina lacaniana. Éste no ha sido utilizado con frecuencia por Sigmund Freud aunque es posible encontrar en su sistema conceptual elementos del mismo en la terminología freudiana de libido, Lust, y Befriedigung. La psicoanalista Koretzky señala con certeza que los seis paradigmas lacanianos de goce –ubicados por las precisiones de Jacques Allain Miller- no se anulan entre sí, sino que se recubren unos a otros, pudiéndose ubicar no rupturas, sino pronunciados movimientos en la larga enseñanza de Lacan en su búsqueda de adaptación epistemológica de los conceptos psicoanalíticos freudianos a la práctica analítica.
El goce lacaniano. Recorrido por las seis articulaciones de Miller
Primeramente en “Los escritos técnicos de Freud”, Lacan utilizó la palabra goce en el sentido de la dialéctica hegeliana del amo y del esclavo, relación imaginaria con consecuencias simbólicas, del trabajo del esclavo, para satisfacer el deseo y el goce del amo. (Lacan, 2001, p. 326). Así el goce imaginario, primer paradigma, se encuentra representado cabalmente en su escrito sobre el estadio del espejo como formador del yo, refiriéndose aquí a la tensión especular entre el sujeto (el yo como reservorio de libido) y el semejante, el pequeño otro, circunscripto a una dimensión imaginaria. Hay un predominio de lo simbólico, y un centramiento de la satisfacción -en su faz simbólica- en los mecanismos inconscientes de formación de síntomas. La palabra aquí se considera como dadora de sentido, en tanto sostenida por el campo del lenguaje, del Otro, produciéndose la satisfacción simbólica -a través de la sanción del Otro, del reconocimiento del Otro-. Estos desarrollos tomaban la satisfacción simbólica pero no daban cuenta de la satisfacción pulsional, desarrollada por Freud. (Miller, 2004)
En el segundo momento, el de la significantización del goce, se da una cierta transposición de lo imaginario a lo simbólico. Palpable en especial en la concepción de la pulsión, donde “no sólo se estructuran [las pulsiones] en términos de lenguaje […] sino que las escribe [Lacan] a partir del sujeto simbólico” (Miller, 2004, p. 228). Comienza una lectura en términos significantes, a partir de nociones tomadas del estructuralismo (antropología francesa de Levis Strauss, y lingüística de Saussure y de Jakobson). El lenguaje será la metáfora que usará Lacan para hablar del inconsciente, de su estructuración. Transcribirá la pulsión en términos simbólicos al originarla de la demanda del Otro, ubicando en el grafo del deseo en su piso superior, significantizada, la pulsión (necesidades del viviente) como un movimiento a partir de dicha demanda. En esta época, el goce Lacan lo relacionó a la frustración que opera en un niño cuando éste no accede a la satisfacción de una necesidad, como la nutrición, a través de un objeto de goce, como el pecho materno (Lacan, 2004, p. 128). También en el fantasma Lacan ubicó la articulación de lo simbólico con lo pulsional ($<>a), apreciable en el seminario VI cuando se relaciona el goce a la satisfacción de las necesidades y al aplastamiento del deseo, en especial en lo que respecta a los neuróticos donde quedan ubicados en el deseo de éstos, en la trama fantasmática, como contracara, sus síntomas como lugar exacto de goce (Lacan, 2007, p. 483), aunque -aclara Miller-, como goce mortificado, como goce significado (2004, p. 229). La regresión también será interpretada desde el registro simbólico al considerarla un “retorno de significantes en demandas antiguas” (Miller, p. 228). Este período abarca los seminarios V y VI, hasta 1959. Así, la satisfacción estaría comandada por el significante del deseo, y también, en el movimiento significante de la metonimia que el deseo mostraría al deslizarse continuamente bajo el lugar del significado. En este paradigma ha quedado por fuera la satisfacción pulsional (Miller, ¿2004). El goce se relaciona en este momento con la metáfora paterna y con el goce del Otro siendo central su concepción del falo.
El goce imposible, real, o sadeano, tercer paradigma, ubicable a partir del seminario VII, La ética del psicoanálisis, dictado entre 1959 y 1960 es considerado por Miller y Koretsky como un corte respecto a lo desarrollado anteriormente. Se da una absoluta disyunción entre el significante y el goce. [S//G] (Miller, 2004 p. 233). Ubicamos una influencia directa de Heidegger y su Das Ding para dar cuenta de esa dimensión “más allá” de lo imaginario y de lo simbólico, de esa disyunción. Registro real para dar cuenta de cierta transgresión, de cierta satisfacción, “la verdadera” dirá Miller, (p. 230). Es también aquí donde el goce como satisfacción de las necesidades se considera como satisfacción de una pulsión (Lacan, 2007, p. 253). Dirá también que, cual dos caras de una misma moneda, al imperativo categórico kantiano, el tú debes, se le sustituye fácilmente por el fantasma sadeano del goce erigido también en imperativo (Lacan, p. 375).
La articulación del grafo del deseo daría cuenta así de una operatoria, una lógica, un montaje contra el goce real (Miller, 2004 p. 230), no siendo la represión el movimiento primero del ser, sino una defensa ante lo real (Miller, p. 233). Se erigen así tres barreras, una barrera simbólica, la ley, el “no debes”; una barrera imaginaria, a partir del tope que ejerce lo Bello ante la inminencia de la Cosa; y la barrera o la determinación de lo real. La trasgresión será al obstáculo, de aquel que opera desde la ley, la ley del Otro del significante (Lacan, 2007, p. 214). Queda contrapuesto al principio de placer freudiano (barrera al goce), ubicándose en un más allá. En este punto, de un lado habría una homeostasis, una cierta medida en las cosas, un cierto bien en esa medida, en contrapartida de lo malo de lo real del goce. Éste toma el lugar de la cosa innombrable (Lacan, p. 227), relacionada estrechamente con la pulsión de muerte, aquello que indica lo infranqueable de la cosa (p. 258). El lugar de goce en el hombre será también aquel donde se producen los fantasmas, representando estos a su vez, una barrera a ese goce (p. 355). El síntoma será, en palabras de Miller, “el modo en que el sujeto formula que el goce es malo” (2004, p. 234), dando cuenta así de la incompatibilidad del goce con el sujeto. Con estas coordenadas, lo simbólico, el inconsciente, estructurado como un lenguaje, no podría dar cuentas del goce real; el inconsciente miente entonces sobre el Das Ding. Es la defensa ante la Cosa lo que imposibilita decir la verdad sobre el goce real.
El cuarto paradigma, el del goce fragmentado (o el goce normal), se desarrolla en el seminario XI dictado en 1964, no encontrándose ya un goce absoluto sino por el contrario, fragmentado, bajo la forma del objeto a. (Miller, 2004, p. 234), concordando éste con un hueco, un vacío, al que se accedería en el trayecto de la pulsión. Aquí el goce está más localizado, y no ya representado con el concepto abstracto de “la Cosa”. En este punto, el goce “va tomando cuerpo”, se objetiva, se “objetaliza” bajo el concepto de objeto a, desarrollado en parte también en el seminario X de 1962-1963. Lo central es que el goce se presenta ahora en un circuito, en un ida y vuelta constante. Ya no un goce masivo y la defensa del sujeto ante la posibilidad del horror de la Cosa, sino un circuito de goce donde el sujeto puede obtener un placer en ese funcionamiento. Con ello Lacan intentó articular el significante y el goce (Miller, 2004, p. 236) con la introducción y desarrollo de la “alienación” (identificación a un significante y posterior represión del mismo) y la “separación”, movimiento propio de la pulsión, en torno al vacío creado por la función significante de la alienación misma (Miller, p. 237) aunque no sin dificultades pues “si bien hay una operación de alienación del lado del sujeto, nada del significante toca directamente lo que concierne a la separación (Gómez, 2016, p. 89). Aún así, la nueva definición del inconsciente como un borde que se cierra y que se abre, cual zona erógena donde con preferencia anatómica se monta la pulsión, trazará una relación estructural entre el inconsciente y la pulsión, o entre el funcionamiento significante y el campo de goce: “algo en el aparejo del cuerpo está estructurado de la misma manera, debido a la unidad topológica de las hiancias en cuestión” (Lacan, 2010, p. 188). Respecto a esto había sostenido al inicio del seminario: “Y es que el inconsciente nos muestra la hiancia por donde la neurosis empalma con un real; real que puede muy bien, por su parte, no estar determinado” (Lacan, 2010, p, 30). La pulsión en este seminario será tratada como un órgano, como objeto perdido, que tiende a una recuperación ante la falta de significante que resulta de la alienación. En este punto, a la falta significada, $, se le corresponde, del lado del viviente, la falta “natural” del objeto perdido.
El goce discursivo, el quinto paradigma, responde a la época por la cual Lacan trató de formalizar el psicoanálisis como un discurso social particular, diferenciándolo de la hipnosis pero a su vez también del discurso universitario (Gómez, 2016, p. 87). Para ello preponderantemente utiliza nociones y elementos del estructuralismo, la lógica, la teoría de los conjuntos y algunas nociones de la epistemología pierciana del signo ternario. Este paradigma se puede ubicar históricamente como contemporáneo a los acontecimientos del Mayo Francés, a fines de los 60´ y principios de los 70´ hasta el seminario 19, “O peor”, del año 1971-1972. Será la última tentativa de Lacan de formular un estatuto de goce en términos de significante y significado (Miller, en Gómez, 2016, p. 89). También comienza a desarrollar el matema de la identidad sexual con su tesis del suplemento y la posterior tabla de la sexuación, donde finalmente en el seminario 20 de 1972-1973 trabajará la noción de goce suplementario, ampliando la noción de goce del Otro (Gómez, 2016, p. 93) en su planteo de la mujer como no-toda.
Ahora el significante es, por un lado, marca de goce, pero, al mismo tiempo, introduce una pérdida de goce y produce un suplemento de éste. Hay un plus de goce a recuperar. […] El inconsciente es saber, es goce y significante, y determina la relación con el lazo social. Es decir, hay goce en lo social (Gómez, 2016, p. 89)
En 1968, en el seminario “De un Otro al otro”, de la renuncia al goce que instaura al Amo hegeliano y le confiere el principio de su poder, Lacan subraya la aparición en la historia del discurso de Marx como una transformación en la relación del saber; discurso que enuncia dicha renuncia, resultando con ello el plus-de-gozar o plusvalía (Lacan, 2011, p. 42). Señala de este plus-de-gozar o Mehrlust que es –estructuralmente- un efecto de discurso, relacionando claramente el significante con la producción de cierto nivel de goce (Lacan, 2011, p. 17), del objeto a. Esta lógica se da al responder al discurso o al mercado del Otro, Mercado de saber pero también Mercado de goce: “el discurso posee los medios de gozar en la medida que implica al sujeto” (Lacan, 2011, p. 17) Es cierta dimensión del Otro que Lacan trata de definir en este seminario a través de la “apuesta de Pascal” y la lógica de conjuntos.
El plus-de-gozar aísla la función del objeto a (Lacan, 2011, p. 19) pero no es el goce, no responde a este, sino a la pérdida del mismo “en la medida en que de esta surge lo que se vuelve la causa conjugada del deseo de saber y de esta animación […] feroz, procedente del plus-de-gozar” (Lacan, 1968, p. 105). Justamente respecto del sintagma del sujeto, representado por un significante ante otro significante, de esta operatoria señala la pérdida producida como el plus-de-gozar:
[…] es en tomo de la fórmula ($ <>a), en torno del ser del a, del plus-de-gozar, como se constituye la relación que hasta cierto punto nos permite ver cumplirse esta soldadura, esta precipitación, este congelamiento, que hace posible unificar un sujeto como sujeto de todo discurso. (Lacan, 2011, p. 21)
Importante es señalar que en este seminario aparece el rasgo unario nombrado como S1 por primera vez en su enseñanza, lo cual será el germen de lo que luego delimitará a través de un núcleo de goce:
“El rasgo unario surge a posteriori, en el lugar entonces del S1, del significante en la medida en que representa a un sujeto para otro significante” (Lacan, 2011, p. 358)
Ya en el seminario 17 de 1969, el Reverso del psicoanálisis, ubica con más precisión la estructura del discurso. En los cuatro discursos (del Amo, Universitario, de la histérica y del analista), considerados como lazo social, sostiene ya explícitamente del significante que sería la causa del goce, haciendo hincapié en la relación directa del goce con la repetición, llegando a afirmar que “la repetición se funda en un retorno del goce” (Lacan, 2008, p. 48).
La repetición es una denotación precisa de un rasgo que he extraído para ustedes del texto de Freud como idéntico al rasgo unario, un palote, un elemento de la escritura, un rasgo en tanto conmemora una irrupción del goce. Por eso es concebible que él ced[a] al displacer […] que no quiere decir nada más que el goce. (Lacan, 2008, p. 82)
En este momento subrayará del goce no una transgresión –como en el paradigma del goce sadeano-, sino como un sobrante, el trabajo de más, el plus-de-goce pero señalando ya la dimensión de la entropía que “hace que […] tome cuerpo, que haya un plus de goce que recuperar” (Lacan, 2008, p. 53) un único punto de acceso al goce. Esta dimensión no tardará en relacionarla con el rasgo unario y la articulación significante que de él surge:
el a, en sí mismo, es lo que resulta de que el saber, desde su origen, se reduce a la articulación significante. Este saber es medio de goce. Y, lo repito, cuando trabaja, lo que produce es entropía. (Lacan, 2008, p. 53)
Relacionará el saber -cadena significante- con el goce del Otro, aquello que hace que la vida se detenga en un cierto límite frente al goce. (Lacan, p. 2008, p. 82). Se ve cómo relaciona el rasgo unario -extensamente delimitado una década atrás, en su seminario “La identificación”-, con la escritura (Lacan, 2008, p. 82), como marca -origen del significante-, dado por la propia repetición, la pérdida de goce, y el advenimiento en su lugar, del objeto a (Lacan, 2008, p. 49). Hay que retener que Lacan ubica una relación primaria entre el goce y el saber, que entre S1-S2: no sólo se representa al sujeto sino la imposibilidad de representar al goce. Esta hiancia o agujero es la pérdida del objeto en sí, causa del deseo, plus-de-goce que se escabulle (Lacan, 2008, p. 18).
Ya en 1970 en “Radiofonía” (Lacan, 2012), encontramos una referencia al cuerpo como aquél que necesariamente debe llevar la marca propia que lo ordena en una serie de significantes; cuerpo como soporte, cuerpo marcado, negativizado por el signo: “Uno-en-menos” del que Lacan intenta circunscribir con la noción lógica del conjunto vacío (Lacan, 2012, p. 432). Poco a poco el psicoanalista francés pone en escena al cuerpo aunque aún sin poder precisar claramente esta suerte de interjuego entre goce y significante.
En 1971 en su seminario “De un discurso que no fuere del semblante” dirá respecto del discurso que es del semblante, en tanto refiere al nudo que conforman la repetición y el goce (Lacan, 2018, p. 19). Se manifiesta aquí claramente la conocida controversia Lacan-Derrida respecto al anudamiento de la palabra y la letra (Frucella, 2016).
El semblante se relaciona con la verdad quedando ubicado en el lugar del agente del discurso, del S1. Plantea que si el discurso pone en juego el plus-de-gozar es como aquello que está prohibido al discurso sexual; “no hay acto sexual” (Lacan, 2018, p. 32). El plus-de-gozar, su normalización, como goce sexual imposible, se da por la articulación al significante falo, aquel coordinado con un semblente. De esta manera, el falo es goce fálico. En estas coordenadas vemos que ubica ya a la mujer como el Otro del goce y del semblante. y respecto del plus-de-gozar indica que su soporte es la metonimia pues esencialmente es un objeto que se desliza (p. 46). Claramente entonces en este período se diferencia el goce sexual del plus-de-goce. Aquél relacionado al semblante fálico, y a la imposibilidad como tal del goce sexual; y este con el objeto a, causa de deseo, metonímico, inasible y como compensación, como plus de ganancia entrópica ante la pérdida original.
Respecto a las referencias sobre lo escrito y la letra, ya advertimos que se vuelve prudente asirlas en el contexto de la discusión con el filósofo Jacques Derrida y su acusación de falogocentrismo sobre Lacan. A su vez se pone de manifiesto que hay veces que Lacan parece referirse a lo que sería el origen de la escritura, explicaciones de orden mítico, y por momentos a la escritura de goce como condición del sujeto. Es claro que sus elucubraciones sobre el tema estaban en pleno desarrollo. Así es que en 1971 el psicoanalista define que toda designación es metafórica dando por terminada la discusión con los lingüistas de la época. Utilizará la escritura china, caracterizada por signos pictográficos e ideográficos -y no solo fonemáticos- para problematizar la pretendida universalización por los lingüistas de la doble articulación del lenguaje (como sostuvo décadas atrás), y el tono (elementos fonemático) como determinante de significación para fundar su hipótesis principal de la primacía de la palabra; y también la lengua japonesa para dar cuenta de la complejidad del signo y de la lengua y del interjuego del habla y la escritura, en este caso, de la influencia de la escritura sobre la lengua, trastornándola (Lacan, 2018, p. 84).
La escritura a esta altura de la enseñanza es apoyo para las palabras, lo que da el movimiento de poder hablar de ello (Lacan, 2018, p. 85), es una señal para parlotear (p. 102), necesaria para cuestionar o siquiera referirse al orden simbólico, a lo que llamó la demansión, el lugar del Otro de la verdad (p. 60). Aunque toma posición al sostener que con la palabra se abre camino al escrito, ubicándolo en un lugar segundo respecto de toda función del lenguaje (p. 59). Con el escrito se constituye así la lógica, es decir la idea de lo verdadero y de lo falso y aún de lo paradójico (p. 68), por ello lo plantea como el soporte de la ciencia (p. 81). En este orden de razonamientos se inscribe que no habría modo de escribir la relación sexual, acercándose a lo que posteriormente nombrará como aquello que no cesa de no escribirse. Alude a que la relación sexual es la palabra misma pero inmediatamente para agregar que eso da por resultado el deseo.
[…] la relación sexual, como toda otra relación, solo subsiste en última instancia por lo escrito. Lo esencial de la relación es una aplicación, a aplicada sobre b (Lacan, 2018, p. 60)
En estos momento, la escritura pasa a ser el testimonio de lo real que no es apresable sólo con lo simbólico (Frucella, 2016). Respecto del sujeto, la letra captura una fijación de goce con la que luego se podrá hablar de ello. Estamos en el momento en el que lo escrito para a ser una frontera entre lo real y lo simbólico.
En este sentido, este mismo año, en el texto Lituratterre de 1971 (2012), Lacan presenta la letra no como frontera o límite, sino como un litoral que dibujaría el borde del agujero del saber (Lacan, p. 22). Ya sostiene que entre saber y goce “hay litoral que sólo vira a lo literal” (p. 20) y que el goce que no sólo es un hecho, sino un efecto de discurso, efecto del significante. De la escritura, de la letra, afirma que es la erosión, literal del significante, que no remonta al semblante más que para en él tomar nombre, pues es la letra la que da apoyo al significante en la metáfora (2012, p. 27): “Lo que de goce se evoca en cuanto se rompe un semblante, he ahí lo que en lo real se presenta como erosión” (p. 20). La escritura entonces se refiere entonces con una acogida de goce, en contraposición al semblante (p. 27). Este mismo año en su “Discurso de Tokio” también ubicó cierta dimensión de lo imposible de decir, con el dominio de lo real (Lacan, 1971, p. 26).
Ya en este punto podemos concluir que en este período, el del goce discursivo, Lacan reformuló considerablemente sus antiguas enseñanzas. Vemos un vivo interés en considerar -adelantándose a muchos lingüistas de la época-, particularidades de otras lenguas no occidentales, buscando ampliar el entendimiento sobre la escritura y el goce. Este período es capital para captar los movimientos posteriores que decantan en el seminario 20 con la consideración del cuerpo en la dinámica significante, encontrándose a su vez el germen de sus posteriores conceptualizaciones topológicas.
Referencias:
Frucella, M. (2016) El corazón de la letra. La controversia Lacan-Derrida. Barcelona: S&P. ediciones.
Gómez, M. (2016) Del significante a la letra. La semiótica de Pierce en el discurso analítico, Córdoba: Alción Editora.
Lacan, J. (1971) Discurso de Tokio. Inédito
Lacan, J. (2001 [1953-1954]) Los escritos técnicos de Freud, El seminario de Jacques Lacan, libro 1. Buenos Aires: Paidós
Lacan, J. (2004 [1956-1957]) La relación de objeto, El seminario de Jacques Lacan, libro 4. Buenos Aires: Paidós
Lacan, J. (2007 [1959-1960]) La ética del psicoanálisis, El seminario de Jacques Lacan, libro 7. Buenos Aires: Paidós
Lacan, J. (2008 [1969-1970]) El reverso del psicoanálisis, El seminario de Jacques Lacan, libro 17. Buenos Aires: Paidós
Lacan, J. (2010 [1964]) Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, El seminario de Jacques Lacan, libro 11. Buenos Aires: Paidós
Lacan, J. (2011 [1968-1969]) De un Otro al otro, El seminario de Jacques Lacan, libro 16. Buenos Aires: Paidós
Lacan, J. (2012) Lituraterre, en Otros Escritos. Buenos Aires: Paidós
Lacan, J. (2012) Radiofonía, en Otros Escritos. Buenos Aires: Paidós
Lacan, J. (2015 [1958-1959]) El deseo su interpretación, El seminario de Jacques Lacan, libro 6. Buenos Aires: Paidós
Lacan, J. (2018 [1971]) De un discurso que no fuera del semblante, El seminario de Jacques Lacan, libro 18. Buenos Aires: PaidósMiller, J. (2004) La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica. Buenos Aires: Paidós.
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